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Artículo muy interesetante escrito por la investigadora de la Asociación RQR, Raquel Platero, publicado en Diagonal, a tenor de la modificación del Código Civil y por tanto de la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Raquel Platero

Tras la resaca triunfalista del matrimonio gay, hemos asistido recientemente a una lucha accidentada por la entrada en la agenda política de los derechos de las personas transexuales. No era sólo una campaña de cara a la galería, sino también una lucha de poder entre las cuatro patas del movimiento LGTB. De estas cuatro representaciones, sólo conocemos bien la 'G' de maricón, por cuanto tiene de ocupación hegemónica, dominante e invisibilizadora.

En este maremagnum de debates políticos, los grupos pequeños con discursos poco correctos hemos tenido poco espacio: la muy querida ‘pandilla basurilla’ nos hemos comunicado, enfurecido, y divertido al margen de los comunicados oficiales. Gays y lesbianas –antaño maricones y bolleras–, representábamos una postura rebelde frente a la regulación del Estado con unos aliados más o menos ortodoxos. Hoy parece que la corrección política de incluir en nuestros discursos la palabrota 'lgtb' nos lleva a grandes contradicciones:

Lo verdaderamente incómodo empieza cuando las identidades sexuales y de género no son tan estables y tan respetables como parecen: es difícil hablar de la deconstrucción de las identidades cuando algunas no existen, o las conocemos por su ausencia. En este sentido, las lesbianas no compran, no aparecen como sujetos específicos de demandas claras que tengan la fuerza de entrar en la agenda política. No existen para la política y no existen para el mercado: no podemos ser una versión femenina del homosexual ni una versión gay de las mujeres.

El reclamo lésbico se utiliza para vender todo tipo de artículos dirigidos a un público fundamentalmente heterosexual. Vendemos, pero no compramos. En el mercado rosa se dice que las lesbianas 'no gastan como los varones gays'. En la política se entiende que lo gay masculino incluye a las lesbianas por definición. Todo ello, sin observar las especificidades que supone esta intersección de género y sexualidad. Quizás no todas nos queremos casar, o ser madres. Las lesbianas no queremos comprar, al menos, tan barato.


Raquel Platero es investigadora y miembro de la asociación RQR.
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